Inteligencia Artificial: una construcción colectiva
La Inteligencia Artificial (IA) ha dejado definitivamente de ser un concepto asociado al futuro para convertirse en una de las infraestructuras críticas del presente. En apenas una década, su evolución ha sido tan rápida que resulta difícil encontrar precedentes históricos comparables. Hoy podemos analizar este fenómeno desde dos grandes ejes: la implantación real y creciente de la IA en la sociedad y, en paralelo, el avance —todavía incipiente, pero acelerado— hacia una Inteligencia Artificial General (AGI). Ambos procesos están profundamente entrelazados y plantean retos técnicos, económicos y éticos de primer orden.
Si observamos la implantación de la IA en la sociedad, su impacto es ya evidente en sectores estratégicos. En el ámbito de la salud, los sistemas de aprendizaje automático están transformando tanto el diagnóstico como la práctica clínica. Modelos entrenados con grandes volúmenes de datos médicos permiten detectar enfermedades en fases tempranas, apoyar decisiones clínicas complejas y acelerar el desarrollo de nuevos fármacos. La IA no sustituye al profesional sanitario, pero sí amplifica su capacidad, reduciendo la incertidumbre y mejorando la eficiencia del sistema. Estamos asistiendo al nacimiento de una medicina más predictiva, personalizada y preventiva.
En el sector de la energía, la IA desempeña un papel igualmente decisivo. La gestión de redes eléctricas inteligentes, la predicción de la demanda, la optimización del almacenamiento y la integración de fuentes renovables dependen cada vez más de modelos avanzados. La transición energética sería prácticamente inviable sin estas herramientas. Gracias a la IA, es posible equilibrar sistemas complejos en tiempo real, reducir pérdidas y aumentar la resiliencia frente a eventos extremos. No se trata solo de eficiencia económica, sino de sostenibilidad a largo plazo.
En este proceso de adopción, 2025 ha marcado un punto de inflexión. Ha sido el año de la consolidación de los agentes inteligentes, sistemas capaces de percibir, razonar, planificar y actuar de forma autónoma en entornos digitales y físicos. Estos agentes ya no se limitan a responder preguntas: ejecutan tareas complejas, coordinan procesos y toman decisiones bajo supervisión humana. Paralelamente, estamos asistiendo a una nueva etapa de la robótica, mucho más aplicada y madura, impulsada por la integración profunda de la IA. Robots industriales, logísticos y de servicios incorporan ahora capacidades de percepción y adaptación que hace apenas unos años eran impensables fuera del laboratorio.
Otro aspecto fundamental de la evolución actual de la IA es la creación y evolución de los lenguajes del mundo a partir del entrenamiento de grandes modelos. Estos modelos no solo aprenden idiomas existentes, sino que capturan estructuras profundas del lenguaje humano, permitiendo generar representaciones simbólicas, lenguajes intermedios y sistemas abstractos basados en datos previamente adquiridos. Este fenómeno está siendo estudiado intensamente por numerosos laboratorios, ya que ofrece claves esenciales para comprender cómo emergen la cognición, la abstracción y el razonamiento cuando los sistemas alcanzan cierto nivel de complejidad.
El segundo gran eje de análisis es la evolución hacia la Inteligencia Artificial General (AGI). En este terreno, conviene mantener una visión rigurosa y alejada tanto del triunfalismo como del catastrofismo. Una de las aproximaciones más influyentes es la defendida por François Chollet, quien ha sido especialmente crítico con la idea de que los grandes modelos estadísticos, por sí solos, conduzcan a una inteligencia general. Según su planteamiento, el futuro de la AGI pasa por la combinación de modelos de gran escala con programas explícitos de síntesis, razonamiento y abstracción, capaces de generalizar a partir de pocos ejemplos y de transferir conocimiento entre dominios muy distintos.
Esta visión se está materializando en iniciativas empresariales y científicas como Nvdea. En este contexto resulta especialmente relevante la reciente incorporación del ingeniero pamplonés Guillermo Barbadillo, junto a un reducido grupo de científicos de primer nivel mundial. Hasta hace apenas unos días era investigador en Das-Nano y Veridas, Barbadillo se ha consolidado como uno de los referentes mundiales en este ámbito. Su perfil técnico, profundamente ingenieril, lo sitúa entre ese reducido grupo de profesionales que podrían desempeñar un papel clave en el camino hacia la AGI.
Para comprender la magnitud de esta aceleración, basta recordar que OpenAI se fundó hace menos de diez años y que ChatGPT se lanzó hace apenas dos. Desde entonces, la evolución ha sido exponencial, a un ritmo nunca visto en la historia de la tecnología —y probablemente de la humanidad—. Hoy, la AGI puede compararse con un bebé que está naciendo. La cuestión crucial es si ese bebé será humano, educado y controlado por nosotros, o si acabará siendo un “bebé tigre”, descontrolado, con una fuerza que no sepamos gestionar y que termine volviéndose contra sus creadores.
Este debate tecnológico no puede separarse del contexto económico y financiero. La IA vive actualmente un ciclo de inversión masiva que presenta claros síntomas de burbuja. Muchas empresas alcanzan valoraciones difíciles de justificar a corto plazo. Como en otros ciclos tecnológicos, es probable que asistamos a un ajuste significativo. La innovación real sobrevivirá; la especulación, no. A ello se suma el desafío de la infraestructura: la planificación actual de grandes centros de datos no cubre las necesidades futuras si se mantiene el crecimiento exponencial de la demanda de cómputo.
Conviene, no obstante, introducir un matiz importante. Aunque la concentración de centros de datos puede generar tensiones energéticas locales, la IA no tiene por qué convertirse en un problema energético global. La mejora continua en la eficiencia algorítmica, el desarrollo de hardware especializado y la integración con energías renovables permiten pensar en un crecimiento sostenible si se actúa con visión estratégica.
Navarra teniendo en cuenta nuestra dimensión, ocupa en este escenario una posición especialmente interesante. Empresas como Das-Nano y Veridas, fundada por el ingeniero Eduardo Azanza junto al empresario y visionario Esteban Morrás, han contribuido decisivamente a crear un ecosistema de investigación e innovación en IA. Este entorno se ve reforzado por la colaboración con administraciones, universidades y otros actores tecnológicos, así como por iniciativas privadas de alto nivel, como por ejemplo el laboratorio de investigación del Doctor Optopus.
Todas estas cuestiones serán objeto de análisis y debate en la jornada sobre Inteligencia Artificial que celebraremos el 15 de enero de 2026 en la Cámara de Comercio de Navarra. En ella contaremos entre otros, con la participación de Guillermo Barbadillo, que compartirá su visión sobre la evolución real de la IA y los desafíos hacia la AGI. Asimismo, intervendrá José Luis Cava, autor de varios best seller de economía y mercados —entre ellos La Gran Manipulación—, que analizará la evolución de los mercados en 2026 y los riesgos asociados a la actual burbuja tecnológica.
La Inteligencia Artificial no es un destino inevitable, sino una construcción colectiva. Su impacto dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Comprenderla en profundidad es el primer paso para asegurarnos de que ese “bebé” que está naciendo crezca bajo nuestro cuidado y al servicio de la sociedad.
José Andrés Palacios
Director general de la Cámara de Comercio de Navarra
Doctor Ingeniero Industrial y Máster en IA
Artículo de opinión publicado el 6 de enero de 2026 en Diario de Navarra
